Vacunas: Cómo funcionan realmente?

Vacunas: Cómo funcionan realmente?

Hablar de vacunas está de moda, pero a pesar de la gran cantidad de información que existe sobre el tema, la mayoría de gente todavía no entiende cómo y porqué funcionan (sí, funcionan!).

Para entenderlo, es necesario saber cómo responde el sistema inmunitario. De hecho, la inmunología como disciplina nace de las observaciones que llevaron a desarrollar las vacunas. Personas que se habían recuperado de una enfermedad infecciosa no volvían a contraerla.

Cómo actúa el sistema inmunitario?

El sistema inmunitario tiene dos formas de actuar; una más rápida pero poco específica, conocida como inmunidad innata; y otra más lenta pero mucho más específica, la inmunidad adaptativa. La segunda es la responsable de la memoria inmunológica que se genera en nuestro cuerpo cuando nos vacunamos. Más concretamente las células involucradas son los linfocitos.

Los linfocitos son las células más especializadas y eficientes reconociendo qué es y qué no parte de nuestro cuerpo*. También diferencian qué agentes externos pueden ser peligrosos. Evidentemente, esto requiere una selección y maduración muy cuidadosa. Los linfocitos no reconocen patógenos externos, sino que reconocen pequeñas partes de algunas moléculas que se expresan en ellos, llamados antígenos.

*De hecho, los linfocitos también reconocen antígenos propios del cuerpo, pero son capaces de diferenciarlos y no provocar una respuesta. Si esto falla se producen enfermedades autoinmunes, como la diabetes o el lupus.

Esta interacción se puede imaginar como si cada linfocito dispusiera de una llave (receptor) capaz de encajar en una cerradura (antígeno), y cada microorganismo tiene unos antígenos propios.

Qué células del sistema inmunitario nos protegen?

Linfocitos hay de tres tipos: linfocitos B, linfocitos T y células NK (Natural Killer). Los B y los T tienen en sus membranas (exterior de la célula) unos receptores propios (BCR y TCR del inglés B Cell Receptor y T Cell Receptor, respectivamente).

En el caso de los linfocitos B, cuando reconocen un antígeno, se especializan y muchos de ellos empiezan a producir copias de sus BCRs, con la diferencia que los liberan. Estas “copias” secretadas es lo que conocemos como anticuerpos y tienen varias funciones para ayudar el sistema inmunitario. Una de las más importantes es unirse a las bacterias para marcarlas, un proceso conocido como opsonización. Si volvemos al sistema cerradura-llave, los anticuerpos serían llaves que van encajando en las cerraduras de los patógenos y les dejen una marca. De esta forma, los convierten en mucho más visibles para el sistema inmune (y se pueden eliminar más rápido).

En realidad, cuando un BCR reconoce un antígeno, no hay una unión perfecta, pero mediante un proceso conocido como maduración por afinidad, los linfocitos B son capaces de crear anticuerpos que encajaran mucho mejor. Lo que realmente sucede es que, en algunos de ellos, se producen miles de mutaciones y empiezan a producir BCRs con pequeñas modificaciones (se llama hipermutación somática). Aquellos que reconocen mejor los antígenos dan unas señales de activación más fuertes a los linfocitos B, mientras que los que lo hagan de forma más inexacta morirán. Por lo tanto, en un proceso de selección sólo sobrevivirán los linfocitos B capaces de producir mejores anticuerpos.

Algunos de estos, además, se mantendrán como células de memoria en el cuerpo durante un tiempo (en algunos casos toda la vida). La memoria inmunológica permite que, la próxima vez que el patógeno entre en el cuerpo, el sistema pueda directamente atacar de una forma mucho más rápida.

 

Si el sistema inmunitario ya funciona, porqué tenemos que vacunarnos?

Algunos microorganismos son tan eficientes evadiendo el sistema inmunitario. Harán que nunca puedan ser detectados o atacados, y el desenlace puede acabar siendo la muerte. Por lo tanto es poco probable que nunca pueda crear esta memoria, ya que no sobreviviríamos a la infección. En este punto entran en juego las vacunas.

Vacunas hay de muchos tipos, pero todas funcionan partiendo de la misma base. Si el sistema inmune es capaz de ver antes aquellos antígenos que puedan entrar en el cuerpo, se podrá crear esta “reconfiguración” y memória y ser eficiente en caso de infección. Existen diferentes mecanismos para introducir estos antígenos. Puede ser mediante la inoculación de estos patógenos pero en formas atenuadas (que no pueden reproducirse), en formas inactivadas o muertas, de forma recombinante (introduciendo sólo antígenos)…

Por ejemplo, si nos vacunamos contra la gripe, lo que hacemos es introducir el virus en una forma atenuada. El virus no podrá infectar nuestro cuerpo, pero el sistema inmunitario sí será capaz de detectarlo y crear una memoria. Si más adelante nos infectamos por el virus de la gripe, el cuerpo será capaz de atacar muy rápidamente y ni siquiera nos daremos cuenta de que el virus ha entrado en nuestro cuerpo.

Algunos datos sobre vacunas:

  • Las vacunas existentes salvan entre 2-3 millones de vidas cada año.
  • La Polio está más cerca que nunca de ser erradicada, gracias a la vacuna. Actualmente sólo existe en Afganistán, Nigeria y Paquistán. El año 1988 existía en más de 125 países.
  • Las vacunas ayudan a prevenir la aparición de resistencias a antibióticos.
  • Las vacunas no causan autismo.
  • Casos de infecciones que se podrían haber evitado con la vacunación: visita este mapa interactivo.

Pero, sobretodo, es necesario recordar que la vacunación no es una decisión personal sino colectiva. Mucha gente no puede vacunarse, así que si la resta estamos vacunados, también los protegemos a ellos. Otro día hablaremos de qué es la vacunación colectiva y de los mitos sobre las vacunas.

Referencias:

http://www.who.int/features/factfiles/immunization/en/

http://www.who.int/campaigns/immunization-week/2017/en/

http://www.bmj.com/content/342/bmj.c5347

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